Las granjas de cerdos que incomodan en Kinchil : “Huele a Kekén, huele a mierda”

William Tec es citricultor de Kinchil y tiene un vecino incómodo: una granja de cerdos que forma parte del modelo de aparcería que tiene Kekén. La presencia de este criadero de cochinos y cuatro más no sólo pondrá en riesgo la citricultura, también la producción de miel.

Texto y fotos: Leandro Chacón

Kinchil, Yucatán.- Sentados alrededor de una mesa, Jesús Solís Alpuche y yo conversamos sobre Kinchil, un municipio ubicado a 42 kilómetros de Mérida. “En ningún lugar de Yucatán los mayas lucharon por el reparto agrario, sólo en Kinchil, Temozón y Abalá”, me comenta mientras tenemos de fondo la música de uno de sus vecinos. La lucha de la cual habla es un conflicto que hubo entre quienes estaban a favor del reparto agrario del presidente Lázaro Cárdenas del Río y aquellos que buscaban que la tierra siguiera en manos de los dueños de las haciendas henequeneras.

“Kinchil era un pueblo muy rijoso, pero el desprestigio, el ataque de parte de la iglesia colocó a Kinchil como un pueblo de asesinos, porque en 1936 asesinan a Felipa Poot, así como a otras cinco o seis personas más”. Jesús Solís, quien es miembro del Consejo Maya del Poniente de Yucatán Chik’in Ja’, me dice que ese desprestigio hizo que la gente del municipio se desacreditara como defensores de la tierra, de los derechos indígenas, algo que ha quedado atrás y que cambiará el 25 de julio, cuando la población decida si revoca o renueva los permisos de las granjas de cerdos.

El pueblo maya de Kinchil realizará una autoconsulta para definir si revocan o renuevan las granjas de cerdos.
En Kinchil ya se realizó la fase informativa previo a la autoconsulta que se realizará el 25 de julio.

Para mi entrevistado, la autoconsulta que Chik’in Ja’ impulsa y que realizará, es una oportunidad para que el pueblo de Kinchil participe y decida sobre temas de su interés como es la contaminación que pueden provocar los criaderos de cerdos que hay en el municipio. De acuerdo con “El Verajón”, una publicación del Colectivo Indignación A.C., en Kinchil existen cinco granjas de cerdos, de las cuales cuatro son llamadas Kinchil 1, 2, 3 y 6, respectivamente, las cuales pertenecen a Grupo Porcícola Mexicano S.A. de C.V., conocido como Kekén, que en maya significa cerdo o cochino.

La quinta granja se llama Santa María y pertenece a la empresa Administración Agropecuaria de Yucatán S.P.R. de R.L. de C.V. y, según la publicación mencionada, forma parte del modelo de aparcería de Kekén. En ninguna de las cinco granjas de cerdos se realizó una consulta previa, libre e informada. Y aunque el municipio se desacostumbró a enfrentarse a los grandes poderes, dos apicultores y un citricultor han iniciado una resistencia por sus tierras, las cuales se han visto afectadas por la construcción o presencia de algunas de las cinco granjas que hay en la zona.

Carlos: 9 años de resistencia

Uno de los dos apicultores afectados es Carlos Yamá, quien también es miembro de Chik’in Ja’. La música del vecino de Jesús Solís continúa siendo el fondo de mi conversación. Mi entrevistado, quien desde los cinco años trabaja en el monte, me comenta que cuando Kekén llegó en 2012 le arrebató 30 hectáreas para el desmonte de la selva. Aunque Kekén se dice dueño por tener documentos que lo acreditan como tal en el Catastro de Maxcanú, Carlos dice que se trata de anomalías, motivo suficiente para no dejarse intimidar ante el poder e influencia que tiene la empresa.

Además del desmonte, Carlos ha sido víctima de robo de su ganado y calificado de invasor cuando en realidad está en su terreno. Me dice que Kekén es quien estuvo detrás del robo de 34 vacas y un semental de su propiedad porque “intenta desgastarnos económicamente y socialmente, porque le dice a nuestro mismo pueblo que somos sus enemigos, pero en realidad sólo defendemos lo que hemos tenido toda la vida, donde trabajamos la apicultura”. De todo lo robado, sólo recuperó cinco vacas y el semental dos años después del hurto que se produjo en 2018.

A Carlos Yamá le robaron en mayo de 2018 un semental y 34 vacas.
Los mayas de Kinchil han dicho que defenderán sus tierras, defenderán el patrimonio que les dejaron sus antepasados.

Me dice que la defensa de su terreno se ha hecho a través de litigios, pero el más importante y el que aún continúa es el pleito agrario que está en un tribunal. “Kekén le dice a los pobladores que sigo en el terreno porque me ha gratificado, porque le doy pena. No, en realidad no, no ha podido comprobar que es su terreno”. La resistencia ni siquiera es por el ganado, principalmente es por la apicultura, debido a que la presencia de granjas de cerdos ha provocado afectaciones en esta actividad, de la cual dependen 11 familias kinchileñas que trabajan con mi entrevistado.

“La deforestación de árboles de 60 u 80 años provoca que la abeja tenga que alejarse para buscar comida, que se vaya porque no hay comida en la zona y nos afecta a nosotros, porque es una área que ellos desfondaron”. Esto provocó que la población de sus abejas empezará a disminuir en 2012, año en que Kekén llegó, desmontó y construyó sus granjas de cerdos. Para 2013, Carlos sólo tenía 28 colonias y, aunque para 2014 ya había recuperado 22 colmenas, me dice que la recuperación de las colmenas en Cantukun, como se llama su terreno, fue una tarea complicada.

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“Empezamos a alimentar en otras épocas para tratar que la abeja se mantenga y reconozca otra vez su territorio, porque lo que hace es perderse. Entonces, tratamos de mantenerlas, dejamos de cosechar miel para que la abeja no tenga que ir a buscar más, no la esforzamos para que puedan mantenerse y puedan reubicarse”. El desmonte no es la única afectación para la apicultura, la descarga de aguas residuales en la selva es lo que genera la preocupación de cara al futuro, debido a que la miel debe tener calidad para que pueda ser exportada a Estados Unidos y Alemania.

Un apicultor en cada familia

Son las empresas que compran la miel de Kinchil, las que alertaron a los apicultores sobre el peligro que hay por la cercanía de las granjas de cerdos a sus apiarios, “porque la abeja va y toma agua de donde sea”. Al existir la descarga de aguas residuales en los montes, el riesgo de que la abeja beba agua contaminada y produzca miel es alta. “Queremos evitar que eso pase porque se acabaría nuestra fuente de trabajo”, me comenta en referencia de que Kinchil es el principal productor de miel del poniente de Yucatán. “No hay una familia que no tenga un apicultor en casa”.

La industria apícola crece en Kinchil, pero las granjas de cerdos ponen en riesgo la producción de miel.
“Aquí manda el pueblo”: este es el mensaje del pueblo maya de Kinchil para las granjas de cerdos.

José Luis Tzec es otro apicultor afectado. En 2012 contaba con 130 colonias y actualmente sólo tiene 100. “Da la casualidad que en el transcurso que ellos se posicionan, como que varió mucho la producción de las abejas”. Hace nueve años, sus 130 colmenas producían cinco toneladas de miel al año y, a pesar de que el número de colonias no decayó mucho, su producción anual sí, ya que actualmente sólo produce tres toneladas. “Hay algo que detiene (a las abejas). Se tienen que hacer estudios adecuados para determinar los motivos de la baja de la producción”.

La importancia de la producción de miel en Kichil es fundamental. Mi entrevistado dice que el municipio exporta mil toneladas al año aproximadamente, gracias a la producción de 300 apicultores pequeños y medianos. Sin embargo, ese número crece regularmente debido a que como el precio de la tonelada de miel se vende en 48 mil pesos, “muchos apicultores se están arriesgando a volver a fomentar su apícola por el precio”. La miel se ha convertido en una oportunidad de tener una mejor calidad de vida, incluso, jóvenes se están interesando en la industria.

“Huele a Kekén, huele a mierda”

De mantenerse las granjas de cerdos, la producción y exportación de miel podría llegar a su fin, algo de lo que está consciente José Luis Tzec. “Las normas dicen que deben estar lejos. Para que puedas producir miel orgánica que está cotizada, debes estar lejos de las granjas porcícolas”. Este es un motivo más por el cual él, Carlos y Chik’in Ja’ han decidido luchar por sus terrenos, por el patrimonio que les heredó sus padres y sus abuelos. Pero no sólo la producción de miel está en riesgo en Kinchil, también el cultivo de cítricos como la naranja dulce y limón se ha comprometido.

William Tec es citricultor y la granja de cerdos que está a lado, está afectando su agua y sus árboles de naranja de dulce.
Algunos árboles de naranja dulce ya se le están muriendo a William Tec.

William Tec es citricultor y toda su vida ha estado ligada con el campo. Trabaja en un terreno llamado “Bobadilla” donde siembra naranja dulce y limón, pero tiene un vecino incómodo: una de las cinco granjas de cerdos que hay en Kinchil. Piensa que el agua está contaminada, incluso, tiene miedo de beber la que hay en su pozo. “Hay días que la veo muy azul y hay otros días que la veo cristalina y tengo miedo de tomarla porque cuando la utilizo me enfermo del estómago”. Su salud no es lo único que se ha visto afectado desde la llegada de Kekén, también su producción.

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Para 2012, su producción anual de naranja dulce era de hasta 200 mil toneladas, mientras que la de limón era de una tonelada. En 2020, sólo recogió 60 mil naranjas y media tonelada de limón. Los números han hecho que los socios de “Bobadilla” también disminuyan a través de los años, ya que el año en que Kekén se asentó, habían 46 socios, actualmente sólo quedan 25. Mientras pela una naranja con su coa para presumir el sabor de su producto, William me dice que sus matas se están muriendo poco a poco. Lo atribuye a la posible contaminación del subsuelo.

-Hace tres semanas el agua estaba azul y tenía mal olor. Puse a trabajar la bomba como por seis horas y medio cambió el olor, pero si no saco pronto el agua, enseguida vuelve a tener ese olor- me dice.

¿A qué huele? Le pregunto.

-Pues huele así como que tenga algo tirado dentro, como algo de un animal… –

Lo interrumpo y le pido que se exprese sin pena.

-Pues huele a Kekén, huele un poquito a Kekén, huele a mierda-.

Esta nota fue pensada y elaborada por el equipo de Voces Libres. Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor.

Leandro Chacón

Estudió Comunicación en la UNID Mérida. Inició como reportero en Por Esto! Trabajó en Milenio Novedades, Línea Recta y El Peninsular. Iba a fundar una banda de punk rock, pero no sabe tocar el bajo. Es hincha del Atlante y cofundador de Voces Libres.

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