El último viaje del “Güero”, asesinado por policías de Mérida

El cuerpo de José Eduardo Ravelo Echevarría, “Güero”, fue trasladado a Isla Veracruz, donde nació. Su madre, su hermano y dos empleados de una funeraria, lo acompañan en un peregrinar que no terminará hasta que lo sepulten y se haga justicia.

Texto y fotos: Kattia Castañeda

Mérida, Yucatán.- El último viaje de José Eduardo Ravelo Echevarría, inició; su destino es Isla Veracruz, Veracruz, donde nació. Ahí lo esperan familiares, amigos, conocidos y gente que lo despedirá como son sus costumbres y con nueve días de rezos. El joven, de 23 años, falleció el 3 de agosto en el Hospital Agustín O’Horán por las lesiones que policías municipales le generaron al golpearlo y violarlo en una patrulla y en los separos de la cárcel, por el simple hecho de verlo sospechoso en un parque.

A las siete de la mañana de este sábado 7 de agosto, el cuerpo del “Güero”, como le llamaban de cariño; Dora María Ravelo Echevarría, su madre; Irving Covián Ravelo Echevarría, su hermano; Carolina Zapata y Adrián Olivos, trabajadores de la Funeraria Nieves, ubicada en Kanasín y donde velaron al joven, se encontraban en el kilómetro 76, cerca de Calkiní, Campeche, y un poco más próximos del hogar donde José Eduardo se quitó para poder encontrar mejores oportunidades en Yucatán, un estado que es considerado como “seguro”.

“Nosotros estamos haciendo el traslado hacia Isla Veracruz, en donde son, pero el peregrinar, no comenzó ahora, sino desde que se supo de ella (de Nora María)”, cuenta Carolina, quien culminará esta labor con su compañero Adrián al llegar a tierras jarochas: “y se logre sepultar el cuerpo como se quiere”.

La señora Nora continúa su peregrinar, ella quiere que el caso de su hijo no quede impune.

Los trabajadores de la Funeraria Nieves comentan que, tanto ellos como la ciudadanía, han hecho que el cuerpo del “Güero” regrese a su casa y pueda reposar en paz, con sus apoyos económicos.

“Ella ya quiere llegar a su ciudad, con su gente, le están hablando, están preocupados. Vino sola con su otro hijo. No sabía ni donde quedarse”, dicen los muerteros.

Adrián, quien ayuda a trasladar el cuerpo y es el que estuvo al pendiente de la familia, desde que Nora le dijo que con ellos se quedaba, cuenta que él es fuereño y está harto de que “nos pasen cosas y nos tachen de que somos los malos, si también apoyamos a la ciudadanía. No es la primera vez que alzo la voz por una persona. Entonces, en ese sentido, estamos pidiendo justicia para un joven que le arrebataron la vida”.

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“Güero”, las frutas y sus ganas de salir adelante

“Güero” llegó a la capital de Yucatán hace cuatro meses en búsqueda de mejorar su calidad de vida. Hasta sus últimos días, era empleado en una frutería y sus labores eran: cargar y acomodar el producto, preparar desayunos y salsas. “El trabajo general de la frutería”, cuenta su jefe, quien decidió mantenerse en anónimo.

“Él era una persona trabajadora porque venía, ahora sí que de un pueblo de Veracruz, para ganarse la vida, me contaba él. Quería ser independiente y no deberle a nadie. Era muy abusado, hizo mucha plática y me supo convencer para trabajar en el negocio”, recuerda el entrevistado.

José Eduardo sí supo cómo ganarse el dinero en Mérida. Al mes y medio de estar trabajando en la frutería, rentó un departamento en Chuburná. “Él quería ganar más y yo le di la propuesta de que salga de aquí (del negocio) a las cuatro de la tarde y vea otro trabajo para que pueda solventar sus gastos”, menciona el hombre.

Fotografía de cortesía en la que aparece «Güero» mostrando las lesiones externas que le dejaron los policías municipales.

En las últimas semanas, el joven se dedicó a buscar otro empleo, pero el 21 de julio fue detenido arbitrariamente por policías municipales en el parque de San Juan, donde fue agredido y violado.

 “Salía a las cuatro (de la tarde) y comenzaba a buscar trabajo. Él relata que vino a una entrevista de trabajo por la mañana aquí en el Centro, buscando la oportunidad de tener más ingresos, y para su mala suerte, los policías lo tomaron como sospechoso y pues el final, todos lo sabemos”, dice.

Un día después de la agresión, el 22 de julio, “Güero”: “Llegó al negocio lastimado. Bajó del taxi y me pidió la oportunidad de que si se podía quedar en la parte de atrás de mi negocio para recuperar energía. Y fue que lo vimos, lo observamos y nos contó. Logramos apreciar todo el daño que los policías le habían hecho. Los golpes en su labio, cara, codo, costillas, piernas, manos, llegó muy derrotado, muy golpeado”.

La ciudadanía ha apoyado para que el cuerpo de José Eduardo sea trasladado a su natal Isla Veracruz, Veracruz.

Como su condición no era buena, lo enviaron a su casa. Ahí estuvo varios días, hasta que llegó de Veracruz su mamá Dora María, quien lo llevó a levantar una denuncia por el hecho a la Fiscalía General del Estado (FGE) y la cual quedó asentada en la carpeta de investigación 433/2021. Luego lo trasladaron al Hospital Agustín O’Horán, donde le cuestionaron su identidad, le detectaron que tenía un daño en los pulmones, lo enviaron al área de Covid-19, y finalmente murió a las 8:24 de la mañana.

Nora luchará hasta que se haga justicia

Eran las siete de la tarde cuando una camioneta Windstar color gris se estacionó en las puertas del Palacio de Gobierno de Yucatán, era la de la Funeraria Nieves. Adrián Olivos, quien la manejaba, bajó rápidamente y le dijo a los policías que resguardan el sitio: “Vamos a hacer un acto pacífico, espero respeten la integridad física de la señora”, la madre del “Güero”. Abrió la cajuela, bajó el ataúd de José Eduardo y lo colocó justo en frente de los uniformados, el palacio, el gobernador y la gente.

La señora Nora, con ayuda de su bastón, bajó de la camioneta y llorando junto al ataúd, gritó: “Aquí le traje al gobernador a mi hijo para que me responda, para que encarcele a los policías que lo mataron. Queremos justicia”.

Ella se lo advirtió al gobernador Mauricio Vila Dosal, a quien no conoce; si no iba al funeral que realizaron ayer viernes 7 de agosto, como lo hizo con el con el policía que mataron en su labor recientemente, tras el feminicidio de Teresa Vega, a llevarle cuando menos unas flores: “yo iba a venir”.

Nora María, lo advirtió, ante la nula respuesta de las autoridades; se plantó con la caja de su hijo en el Palacio de Gobierno.

Rodeada de reporteros, recordó a su hijo: “Era rebelde como todos los jovencitos, que se quieren comer el mundo en un bocado, pero no era malo, ni ratero. Vino a trabajar y lo único que encontró fue la muerte. A él le gustaba mucho hablar con la gente, era muy locuaz. En Internet leyó que aquí hay hostales donde solicitan el servicio de los jóvenes para hacer voluntariado y vino con esa ilusión, de que a lo mejor lo ponían a trabajar o lo enviaban de intercambio a otro lugar, donde podría ganar más”. Igual cuando “Güero” le decía que: “Mamita, ahí sí hay el varo, voy a ganar mucho”.

Acompañada de su otro hijo, Irving Covián, mencionó que llegando a Veracruz, realizará la sepultura, los rezos y después regresará a Yucatán, porque: “yo quiero justicia y no voy a dejar que le den carpetazo. La muerte de mi hijo no puede quedar impune”.

Más tarde, cuando comenzaba el luz y sonido que se proyecta en la fachada de la Catedral, Nora y su hijo lograron conversar con el director Jurídico de la Secretaría General de Gobierno (SSG), Gabriel Puc Maldonado. Él les comentó, a puerta cerrada, que los policías que asesinaron a “Güero” están privados de su libertad, pero no les brindó más detalles. Les insistió que la carpeta ya fue judicializada. Esto fue confirmado por el gobernador hoy por la tarde a través de sus redes sociales.  

La familia del «Güero» conversó con Gabriel Puc Maldonado, director Jurídico de la Secretaría General de Gobierno (SSG).

“Yo le dije que yo me voy a ir a enterrar a mi hijo, pero que regreso y cuando lo haga, vendré a pedirle cuentas, porque él asegura que el gobernador ya dio las instrucciones precisas para que el culpable de la parte de mi hijo, pague”. Ella menciona que lo primero que hará cuando esté de vuelta, es buscar un sitio donde quedarse: “para seguir toda la investigación como se debe de hacer”.

El Gobierno del Estado, a través de un boletín, indicó que: “Desde que se tuvo conocimiento del hecho, el Gobierno estatal, a través de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (Ceeav), ha estado en contacto permanente con la madre, del fallecido, quien aceptó el apoyo y se le brindará ayuda a la familia en lo relacionado al traslado del cuerpo, al tiempo que continuará con las labores de seguimiento correspondiente”. 

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Un cartel que decía: “Justicia para José Eduardo” se puso en frente de la caja con una veladora. Al tiempo que terminaba el luz y sonido, un grupo de chicas y chicos activistas, defensorxs de los Derechos Humanos, representaron a los y las que ya no están y que les arrebataron su vida de manera injusta, coreando: “Vila y Renán, asesinos de Yucatán”. La vagoneta Windstar arrancó, los pasajeros subieron y continuó el peregrinar.

Esta nota fue pensada y elaborada por el equipo de Voces Libres. Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor.

Kattia Castañeda

Comunicóloga y cofundadora de Voces Libres

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